Sareth permaneció inmóvil.
El eco de aquellas palabras seguía suspendido en el aire como una sentencia.
Uno de ustedes tendrá que morir.
No.
No.
Su mente rechazó la idea de inmediato, pero el vínculo en su pecho reaccionó violentamente, como si alguna parte de ella reconociera aquella verdad antes incluso de comprenderla.
El anciano dio un paso al frente.
La energía oscura alrededor de su bastón comenzó a expandirse lentamente.
—Ya dijiste suficiente.
La criatura apenas inclinó la cabeza.
—¿Suf