El tiempo pareció detenerse.
Ni Castiel.
Ni Aziel.
Ni el anciano.
Nadie se movió.
Porque el portal frente a ellos no debía existir.
No con esa forma.
No con esa energía.
La oscuridad de Sareth no devoraba la luz de la cámara celestial.
Se mezclaba con ella.
Como dos fuerzas que recordaban demasiado bien cómo coexistir.
Kael seguía de rodillas dentro del sello luminoso.
Pero ya no sentía las cadenas.
Solo la veía a ella.
Sareth respiraba agitadamente al otro lado del portal, rodeada de sombras q