La mañana llegó lentamente a la casa de Sebastián Rossi. La luz del sol se filtraba suavemente por las grandes ventanas, iluminando los espacios amplios y silenciosos de la residencia. Todo parecía tranquilo, pero dentro de Valentina el mundo seguía siendo un torbellino de emociones.
Había dormido, aunque no profundamente. Durante la noche despertó varias veces, sobresaltada por recuerdos y sueños confusos. Sin embargo, cada vez que abría los ojos y veía el lugar en el que estaba, recordaba que