15. Poseerte es mi delirio
Presumía a ciencia cierta lo agresiva que podría llegar a convertirse tal chica ante tales provocaciones pues es de admitir que tiene un fuerte temperamento, por lo tal sin dudarlo dos veces pegue mi cuerpo contra el suyo para hacerle complicado el hecho de mover sus piernas y que por ende terminara golpeando alguna zona delicada de mi cuerpo inmovilizándola así casi por completo.
— Suéltame ¿Qué haces? — forcejeando contra mi mientras intenta soltarse exclamo aquella.
— No es evidente,