Giacomo dejó las dos bolsas enormes de compras sobre la isla de la cocina. Apenas había dado un paso hacia atrás cuando Carmine, llena de impaciencia, ya estaba rebuscando en el interior de una de ellas.
—Está en la otra —dijo él, divertido.
Carmine lo miró por encima del hombro, entrecerrando los ojos y con una mueca en los labios.
—¿Por qué no lo dijiste antes? —le reprochó ella, mientras se inclinaba sobre la otra bolsa.
—No me diste tiempo.
—Sí, sí como sea. —De pronto, una sonrisa de triun