Carrie
Tres días después, dejamos el hotel y nos dirigimos a nuestra casa, el moderno bungalow que no pude evitar admirar.
Pero mientras Alessandro conducía hacia nuestro destino, noté que estaba callado de una manera que sugería que ya estaba nadando en el arrepentimiento.
Consideré tomar su mano para asegurarle que estaba dispuesto a escucharlo, pero no sería prudente convertirme en una distracción mientras conducía.
Entonces pospuse mis pensamientos.
"¿Carrie?"
“¿Sí, Alessandro? Mmm”. Negué con la cabeza como si acabara de decir algo prohibido. “Eso está mal. ¿Sí, mi marido?”
Alessandro no pudo contener su risa. Estalló de una forma que al instante me llenó el corazón de alegría.
“¿Por qué es tan bueno escuchar eso?” preguntó.
“Porque es la verdad”. Le puse la mano izquierda con cariño en la cara. “Estamos casados. Yo soy tu esposa y tú eres mi esposo”.
Sus ojos llenos de afecto recorrieron mi cuerpo y sentí que mis mejillas se sonrojaban; casi me mordí el labio para ocultar la luj