Capítulo 31

Alisha dejó que el agua cristalina del estanque le acariciara los pies. Era refrescante y tranquilizador. Su instinto animal y oído la había llevado allí, un pequeño espejo de agua oculto entre un conjunto tupido de árboles al este de la mansión, dentro de los terrenos del alfa. Acaso Serguei no sabía de aquella maravilla porque si no se declararía dueña de aquello.

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