[KEIRA]
Después de lo que ocurrió en Santorini, debería estar muerta de miedo. Y, sin embargo, lo que realmente me paraliza es la manera en que me mira ahora.
La intensidad de sus ojos cafés es tan brutal que siento que me está gritando sin pronunciar una sola palabra. Hay rabia, hay reproche, hay algo más oscuro que no logro descifrar.
—¿Te das cuenta del daño que has causado? —me pregunta finalmente.
No tengo idea de qué está hablando.
—Yo no te hice nada —respondo sin titubeos, sosteniéndole