[KEIRA]
Al día siguiente
Se me parte la cabeza, y el horrendo ruido que se repite una y otra vez no ayuda en absoluto. Abro los ojos con esfuerzo y me doy cuenta de que estoy abrazada a las almohadas en la cama de Dane. Parpadeo un par de veces, intentando ubicarme, hasta que ese sonido vuelve a colarse en mi cabeza.
El timbre.
—¡Dane, llaman a la puerta! —digo, pero enseguida me doy cuenta de que no puede oírme. El sonido constante de la ducha confirma que está bañándose, así que, resignada, me levanto de la cama.
Recojo una de sus camisetas dobladas sobre la cajonera y me la coloco a toda prisa. Camino hacia la entrada aún medio desorientada y abro la puerta… solo para quedarme helada.
Es Salma.
Está impecable, demasiado elegante para esta hora del día, con un vestido rojo entallado que resalta cada curva. No entiendo qué hace aquí.
—¿Tú? —pregunta, recorriéndome de pies a cabeza.
Y sí, como dirían aquí en España, tengo toda la pinta de recién follada.
—Sí, yo… ¿qué quieres? —pregun