El frío del subterráneo me recorrió los brazos, pero la presencia de Thomas detrás de mí emanaba un calor abrasador. Mañana era el día. La tensión en la mansión se cortaba con un hilo, y el ambiente olía a una mezcla densa de anticipación, testosterona y el rastro inconfundible de la bestia a punto de despertar.
Thomas me había llevado hasta las profundidades de la casa, a un búnker blindado de hormigón y acero que ni siquiera sabía que existía. Paredes reforzadas, pantallas de monitoreo parpad