—Por eso, Emma —añadió suavemente el viejo lobo—, un verdadero Alfa que rompe la Promesa de Lobos y traiciona a la mujer que lleva a su cachorro, no solo traiciona a su hembra... traiciona a la sangre misma que le da su poder.
Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta mientras apretaba la taza caliente entre mis manos. Freya me miró de reojo, le dio un sorbo a su chocolate con un par de malvaviscos flotando y me dio un golpecito suave con el hombro.
—Así que no te preocupes —murmuró Freya