Capítulo 90. El amante inexistente.
Un mes después…
La brisa salada del mar Caribe acariciaba las finas cortinas de lino blanco de la cabaña.
Era un refugio paradisíaco, una estructura de madera oscura y rústica, pero con todas las comodidades, completamente abierta hacia la inmensidad de la playa.
Estaba iluminada únicamente por el resplandor plateado de la luna llena y el fuego danzante de un par de antorchas enterradas en la arena húmeda.
Habían huido. Estaban tranquilos, muy lejos del caos tóxico de la ciudad, de los problema