Capítulo 124. En mis manos.
Víctor Grimaldi no era un hombre de amenazas vacías.
Su sola presencia en la oficina ya era una declaración de guerra, pero el paso letal y pausado con el que avanzó hacia el escritorio de Alexander Donovan fue lo que realmente heló la sangre del empresario.
Víctor metió la mano en el interior de su chaqueta y sacó una gruesa carpeta de cuero negro, arrojándola con desprecio sobre la superficie de cristal.
El golpe resonó como un disparo en el silencio de la inmensa oficina.
—Tengo pruebas sufi