Capítulo 122. Suplicando perdón.
Al llegar a la inmensa mansión Grimaldi, el ambiente seguía vibrando con la intensidad de la discusión en el auto.
El sonido de los neumáticos sobre la grava fue lo único que rompió el silencio mortal del trayecto. Amanda se bajó rápidamente, sin esperar a que Víctor le abriera la puerta.
Caminó a paso firme por el enorme vestíbulo de mármol, sintiendo que los tacones le pesaban una tonelada y con un nudo de frustración apretándole la garganta.
Víctor entró detrás de ella, cerrando las pesadas