Capítulo 121. Forzada decepción.
El salón principal del club ya comenzaba a vaciarse, quedando apenas un leve eco de las conversaciones y el tintineo de la cristalería.
Víctor se acercó a Amanda, quien se había quedado de pie junto a la gran maqueta, con la mirada clavada en el vacío y una tensión evidente que le ponía rígida la espalda.
—Ya tenemos que irnos, cariño —murmuró Víctor, pasándole el brazo por la cintura, listo para llevarla a casa.
Ella se apartó de inmediato, como si el simple roce de sus dedos le quemara la pie