LETICIA
Aunque las palabras de Leah me estaban consumiendo por dentro y aumentaban mis dudas sobre Alessandro, suspiré intentando buscar paciencia de donde no tenía.
—Si no te importa, quisiera terminar de arreglarme... tranquila. Sabes que a tu esposo le desagrada que una mujer se vea impresentable en la cena —advertí para que se marchara y me dejara sola.
—¿Si no me importa? —retrucó burlona—. ¡Por Dios! Eres tan patética —dijo ella en tono burlón, mirándome con cierta curiosidad—. ¿En seri