Lara estaba atrapada. No podía moverse y el pánico la invadió mientras se encogía. ¿Qué iba a hacer su padre ahora? Ella no había hecho nada. Podría soportar el dolor si supiera que venía, pero cuando apareció de repente, no estaba preparada.
Empezó a forcejear, intentando zafarse. Sabía que no serviría de nada, pero tenía que intentarlo. No podía rendirse y aguantar la paliza. No se lo merecía; había sido buena. Hizo todo lo que él le pidió.
-Lara, para. ¡Ay! ¿Qué demonios?
La voz profunda la