299.
Su respiración se comenzó a sentir agitada.
Matilda intentó concentrarse en cualquier otra cosa.
En los sacos.
En la lista de lo comprado.
En un mensaje a enviar a Sofía, para anunciarle la visita de Aaron.
En lo que fuera.
Pero no podía.
Porque Mariano acababa de quitarse la camiseta.
El calor del sol y del arduo trabajo, había terminado haciendo estragos en él.
Y, de repente, todo pareció convertirse en un problema para Matilda.
Uno muy serio.
El sol caía sobre su piel, marcando cada línea de