267.
…
Matilda entra a un bar.
El bar de siempre.
Ahora, más desierto que de costumbre.
Busca la butaca más lejana, más oscura, con menos ojos curiosos.
Un lugar donde sentía que podía tener la privacidad necesaria.
Pide una bebida, “la más fuerte que tengas…”
El mesero rió, “una bomba triple… Ahora lo traigo.”
La música era fuerte.
Suficiente para que ella dejara de escuchar sus pensamientos y perderse en el momento.
A lo lejos, veía grupos de amigas tomando.
Más de algún chico intentando acercarse