223.

La tarde había avanzado sin que ninguno de los dos lo notara realmente.

La luna ya estaba visible, y el aire se había vuelto más fresco. La canasta estaba a medio vaciar, las fresas casi desaparecidas, y los recipientes abiertos daban la sensación de una calma compartida… de esas que no se planean, pero se disfrutan.

Matilda sostenía una copa entre sus manos, jugando distraídamente con el borde, mientras observaba la

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