121.
El mundo parecía detenerse en ese pequeño instante.
Matilda, al sentir ese roce, se quedó inmóvil un momento, pero luego, por instinto, no se apartó; sino que bajó una de sus manos, del cabello a la mejilla de Mariano. Era su manera de aprobar el permiso.
Quería sentirlo.
Quería, también, demostrar que ella estaba ahí.
Que sea lo que sea que pasaba en ese instante entre ellos, eso era real.
Ya no era solamente el ‘reto que debían fingir’.
Ya no estaban fingiendo, ¿verdad?
Por primera vez, Matil