El vehículo permanecía detenido frente a la entrada principal de la gala, rodeado por una multitud de periodistas, fotógrafos y miembros de la seguridad que se encargaban de mantener despejado el acceso. Desde el interior, las luces de las cámaras podían verse a través de los cristales oscuros, destellos constantes que anunciaban que, en cuanto las puertas se abrieran, toda la atención recaería sobre ellos, Loren permanecía sentada con las manos entrelazadas sobre el regazo, intentando controla