Cuando Loren regresó a la Villa de Tulipanes, el cielo de Londres comenzaba a teñirse de tonos grises y azulados. Había pasado buena parte del día en el refugio, ayudando con los animales, limpiando algunos espacios y aprendiendo poco a poco las tareas que realizaban allí, pero el cansancio que sentía no era desagradable. Era un cansancio distinto al que había experimentado desde que su vida se convirtió en una sucesión de obligaciones, rumores y miradas ajenas. Por unas horas había podido ser