Al salir, noté para mi sorpresa que aquel joven raro estaba cerca de una de las escaleras de emergencia, escondido fumándose un cigarrito. Sonreí al verle, como si ello me hiciera menos miserable, y al verme levanto la cabeza y me contesto con una sonrisa amistosa. Pero al verme a los ojos, notó que algo andaba mal conmigo. Se acercó lentamente a nosotras, mientras sostenía su cigarrillo entre sus labios. Podía notar como el montón de rulos se caían como cascadas rulientas de su cabeza. Se veía