—No tienes que ser tan malo conmigo, quizá tengas razón y podamos estar juntos —declara.
—Sí, yo sé que podemos estar juntos y podemos llevarnos a nuestra hija lejos. —Veo que por fin ha recapacitado y ha mirado que solo puede estar conmigo.
—Sí, tienes razón, nos iremos y seremos una linda familia feliz —me contesta y se comienza a acercar cada vez más a mí.
Pensar en eso me vuelve el hombre más feliz; por fin tendré a mi niña y a mi hija. Siento su mano pasándose sobre la mía; se comienza