Liam respiró profundo dejando a Diego en el piso, llevó sus manos a la cabeza y negó repetidas veces, en serio su amigo siempre terminaba con acabar su paciencia.
—¡Largo! —exclamó Liam.
Diego acomodó su ropa, palmeó su hombro y sonrió una vez más.
—Puedes estar tranquilo, aunque sea una Diosa sé que es para ti —dijo casi que en un susurro.
Olivia seguía mirando confundida al par de hombres que tenía enfrente, hace unos minutos Liam por poco y lo golpea y ahora los dos se reían como si nada hub