Liam era sincero en sus palabras, conocía muy bien a Jackson, sabía de sus negocios sucios, o al menos eso era lo que intentaría probar, así su abuelo no diría absolutamente nada si Jackson fuera a la cárcel.
—¡Vete! Tengo mucho trabajo y tú solo me distraes —dijo Liam con su mirada perdida en los documentos.
—Vaya que si me voy, o mejor dicho quiero ver a esa muñequita que tienes aguantado tu mal humor todo el maldito día. ¿Dónde la conseguiste? —habló Diego, con una enorme sonrisa dibujada en