Leonardo le hizo señas a Armando para que los siguiera hasta el calabozo dónde habían dejado a Jackson.
Efectivamente, Jackson sentía como su piel se quemaba lentamente, su dolor era cada vez más agudo, le dolía hasta el alma, solo Dios sabía lo que haría a los hermanos Manzini si lograba salir con vida.
Las puertas del calabozo se abrieron dejando ver a los tres hombres, Jackson alzó su mirada, al mismo tiempo que su cabeza se movía de lado a lado.
—Así que fuiste tú quien me traicionó —dijo J