Cap. 32: ¡Tienes mi edad, podrías ser su padre!
Juliana y Alfredo se encontraban de pie frente a la entrada de la hacienda de él, preparándose para despedirse después de su regreso de Salento. Ella lo observaba con los ojos brillantes, como si no quisiera separarse de su lado.
—Te voy a extrañar —susurró Alfredo.
—Yo más —contestó ella, rozó sus labios con los de él—, pero la buena noticia es que somos vecinos. —Sonrió—, me escaparé para venir a verte. —Guiñó un ojo.
Alfredo la tomó por la cintura, la apretó más hacia su cuerpo.
—Solo para v