POV MIA
Cuando entré a la casa de mi madre, el aroma a flores frescas y el suave murmullo de música clásica llenaron el ambiente. Su enfermera personal, una mujer amable llamada Clara, me recibió con una cálida sonrisa.
—Buenos días, Mia. La señora está en la sala, descansando —me informó.
Asentí y caminé hacia la sala, donde encontré a mamá recostada en un sofá amplio, con un chal tejido sobre los hombros y una taza de té en las manos. Al verme, una sonrisa iluminó su rostro.
—¡Mia! —exclamó,