POV MIA
Cuando desperté al día siguiente, el sol ya estaba alto en el cielo. Sebastiano estaba sentado en un sillón frente a la cama, con un café en la mano y su mirada fija en mí. Parecía haberse levantado horas antes, pero su rostro mostraba una mezcla de preocupación y ternura.
—Buenos días, dormilona —dijo, dejando la taza sobre la mesa auxiliar.
—Buenos días —murmuré, mi voz todavía ronca por el sueño.
—¿Cómo te sientes?
Me tomé un momento para evaluar mi cuerpo. Las náuseas habían disminu