Al salir de la habitación de mamá, con el corazón acelerado y la mente embotada de preocupación, me dirigí al pasillo en busca del médico que la atendía. Necesitaba respuestas, algo que me diera una pizca de certeza en medio de aquel caos que amenazaba con devorarme. Pero antes de que pudiera avanzar más de unos pocos pasos, me topé de frente con Sebastiano.
La sorpresa me hizo llevar las manos al pecho, tratando de calmar los latidos frenéticos que se intensificaron al verlo. Su imponente figu