Al salir de la casa, Dario estaba allí como había dicho Sebastiano. Aún estaba esperando el momento en que apareciera y dijera que todo era una mentira. Parecía surrealista que él hubiera permitido mi partida, sabía que debía tener una segunda intención, aunque todavía no comprendía cuál era.
No importaba, aprovecharía esta oportunidad y me aseguraría de alejarme a una ciudad remota, hasta reunir el dinero suficiente para salir del país con mi madre. No podía correr el riesgo de que Salvador no