Mi cuerpo se tensó al escuchar sus palabras, sintiendo como si las paredes de la habitación se cerraran sobre mí. La presión que ejercía su mano sobre mi rostro, aunque suave, era suficiente para recordarme el poder que tenía sobre mí, sobre todo lo que me rodeaba. No tenía escapatoria.
Su mirada oscura seguía clavada en la mía, y no había duda alguna en sus ojos. Sebastiano estaba acostumbrado a obtener lo que quería, y ahora… yo era parte de ese "todo".
—No te perteneces, Mia. —Su tono amenaz