Me iba a volver loca si permanecía un minuto más en esa habitación sofocante. Necesitaba aire. Sin pensarlo dos veces, me escabullí fuera de la habitación, sintiendo cómo mi respiración se normalizaba mientras avanzaba por el pasillo.
La mansión estaba sumida en un silencio casi sepulcral, el tipo de calma que presagia algo siniestro. Las paredes estaban cubiertas con pinturas antiguas y nuevas, retratos de rostros anónimos y oscuros paisajes italianos. Era un lugar que exudaba opulencia, pero