—Me pude haber muerto—aseguró mientras subían al auto, obligada a dejar tanto la mano de Liam como la de Leo, quien ya iba bien asegurado en el asiento trasero.
—No, Bianca, ¡jamás lo permitiría!—explotó en risitas, incapaz de poder seguir con el acto ante la clara preocupación en el rostro del niño. Liam pronto encendía el motor del auto, su rostro con algo malvado que era incapaz de ocultar.
—Debes entenderlo, hijo— ahí iba— Está… viejita. Suelen tener problemas de salud.
Padre e hijo se carc