La mesa estaba servida,un suculento desayuno esperaba por los esposos Bustamante Montenegro,ella coincidió con el joven millonario al salir de su alcoba,para no dirigirle la palabra apuró el paso,en dos zancadas el joven la alcanzó a mitad de escalera y la tomó por el brazo.
—¡Se dice buenos días!
—Buenos días,Bustamante.
Eduardo se quedó pasmado ante tanta frivolidad de parte de ella–¿qué tal ésta?,anoche nos devoramos por completo y ahora me saluda con indiferencia.-Trago saliva y titubeó un