LAURA
Cuando termina, intenta besarme. Me niego, pero recuerdo el trato. Tengo que obedecer, al menos por ahora. Por dentro, me aferro a un solo pensamiento: nada de lo que haga Martin podrá borrar la primera vez que estuve con Bryan. Esos recuerdos, esos besos y caricias, son míos. Nadie puede quitármelos.
—Ven, siéntate aquí —me ordena, señalando sus piernas.
Respiro hondo y me monto sobre él, sintiendo cómo sus manos recorren mis piernas, subiendo desde las rodillas hasta las caderas. Cier