—¡Hariel tienes que hacer algo para que Helel se recupere de inmediato! —Entre gritos de desesperación, la Diosa recostó a Helel en su regazo y observaba el cuerpo quemado de su amado Helel.
Hariel no salía de su admiración hacia Helel. —¿Cómo es posible que Helel lo consiguiera solo así? —se preguntó Hariel tras observar la oscuridad de la tirana destruida y absorbida por la divinidad de Helel.
Hariel no respondía y no se movía de su lugar. ¡Aun! Escuchando las palabras de auxilio de la Diosa