—¿Cómo podría no amarte Helel? —exclamó Hera desconcertada. —Desde que te paseabas como un ser inquieto con mucho potencial y siendo reprimido por un padre egoísta y lleno de orgullo que no dejaba de presionarte tras presumirte ante los demás como su hijo favorito y el serafín más perfecto sobre su creación.
Hera no estaba mintiendo en cuanto a sus sentimientos, pero Helel se encontraba confundido por lo mencionado por el ángel, pero Hera deseaba quitar toda duda del corazón de Helel. —Me llena