Tiffany ♥60♥

A la mañana siguiente, a las ocho, despertaron a Bonifacio diciéndole

que deseaba verle un señor sacerdote.

--¡Un sacerdote a mí! Que entre.

Saltó de la cama y pasó al gabinete contiguo a su alcoba; no puede

decirse a su gabinete, pues era de uso común a todos los de casa.

Atándose los cordones de la bata saludó a un viejecillo que entraba

haciendo reverencias con un sombrero de copa alta muy grande y muy

grasiento. Era un pobre cura de aldea, de la montaña, de aspecto humilde

y aun miserable.

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