Después de una noche muy corta, Liya se levantó al amanecer, su teléfono móvil en la mano, esperando pacientemente una llamada del sheikh. No entendía por qué no la contactó para informarle y menos si había logrado poner a salvo a Jack Carter. Con el corazón palpitante, abrió la cortina para ver la niebla de la mañana y el hermoso sol, saliendo justo por encima del borde del bosque que solía pisar todos los veranos para recoger todo tipo de maravillas.
¿Quizás un paseo le haría bien? Reflexionó