Al entrar al restaurante, Zhayar ni siquiera intentó mirar a los ojos de las personas sentadas. Se contentó con escuchar distraído sus murmullos y miró alrededor de la habitación. Por supuesto, el propio gerente del restaurante se apresuró a recibirlo. Zhayar clavó los ojos en los de ella, casi disfrutando de la intimidación que tenía en su poder.
- Su alteza Al Elhazar, señor, no sé cómo recibirlo en este modesto establecimiento.
El hombre hizo una extraña reverencia.
- Puedo ayudarle? Pregunt