CAPÍTULO 66. ESTA VEZ, NO HUIRÁS DE MÍ
Luego de recobrar la cordura que estuvo a punto de perder, se dirigió a su habitación y se metió a la ducha, fue inevitable recordar algunas de las imágenes de aquel día en la que aquel monstruo puso sus manos en ella. En cuanto se retiró todas sus prendas, abrió las llaves y permitió que corriera el agua, ingresando al instante sin necesidad de que saliera caliente, tomó la esponja y aplicó el jabón líquido, necesita sentirse limpia.
Se colocó la bata y una toalla en la cabeza, estaba más rela