CAPÍTULO 43. QUERIDO JACK

Por la mañana, Jack ingresó a su oficina, se desabrochó los botones de su costoso jersey y se fue directo hacia su silla ejecutiva de cuero, detrás de él lo siguió su asistente

—Buenos días, Ana ¿Algún recado importante esta mañana?

—Buenos días, licenciado Jack. Así es, hubo un paquete entregado para usted hace unos minutos. Según me explicó el mensajero se trata de un desayuno especial.

Jack frunció el ceño.

—Entendí bien, ¿un desayuno? —indagó.

—Sí, así es señor.

—¿Para quién es?

—Es para us
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