CAPÍTULO 32. NO PUEDO SEGUIR
La sala del juzgado quedó completamente vacía a excepción de Amber, quien permanencía de pie, con las manos recargadas en aquella mesa, su corazón ardía, a pesar de que se había logrado que lo castigaran, aquello que tuvo que vivir no dejaba de doler. No tenía la menor idea, si algún día cesaría esa sensación de vulnerabilidad que permeaba en su piel.
A partir de lo sucedido perdió el control en ella, no lograba conciliar el sueño, ni tampoco podía concentrarse, tomar una sencilla decisión cóm