CAPÍTULO 31. ¿POR QUÉ TENÍA QUE SER ASÍ?
La noche fue una de las más largas en la residencia de Davis, ninguno de los dos pudo pegar el ojo, cada uno recostados en su cama, pasó dándole vueltas y vueltas a lo sucedido, había tramado muy bien la forma de organizar un alboroto para encontrarse con ella.
Los acristalados ventanales de la casa, se empañaron por una fina capa de hielo, acompañado por el rugir aire del exterior, anunciaban que el crudo invierno estaba ingresando. Desde la habitación de cada uno de los compartían el techo, e