El taxista conducía, Victoria sabía que iban a la iglesia, era un día especial para ella, el día en que sus padres murieron, quería rezar por ellos y su descanso, siempre lo hacía, donde quiera que estuviera.
De pronto, un estornudo resonó.
—Salud —dijo Victoria
—Salud a usted —dijo el chofer.
Ambos se miraron, el auto estaba detenido en un semáforo en rojo.
Victoria asomó su mirada atrás, y vio esas pequeñas cabezas.
—¡Oh, por Dios, niños!
Los niños se miraron entre sí.
—¡Nos descubrier