Russell sintió esos delicados labios sobre los suyos, intentaba ser pasional, pero se volvían tiernos, estuvo a punto de besarla con todo el ardor que habitaba en su corazón, pero se detuvo, debía contenerse.
La alejó, deolviendola al asiento.
—¿Por qué me rechazas? —Victoria pasó de la euforia al llanto, sollozando, quejándose porque él la había alejado—. ¡Siempre me tratas mal, eres cruel, te odio! ¡Vete al infierno!
Victoria pataleó el asiento con fuerzas, el chofer no pudo evitar mirar por