Marina abrió los ojos y miró a Demetrius recostado en su cama, dormido, sonrió, no podía creer que su fantasía de amor se hubiese hecho realidad, luego de tanto tiempo.
«Ayer dijo que me amaba y yo también lo dije», pensó con una sonrisa ilusionada.
Él abrió los ojos adormilados, y al verla, sonrió, ella se ruborizó y cubrió su cuerpo con su vestido de dormir.
—¿Ya debo irme?
Ella miró la hora, y sonrió de nuevo.
—Las niñas se despertarán pronto, será raro si te ven aquí.
—Seguro de que es